LOS ALQUILERES DE RENTA ANTIGUA ¿QUÉ SON? ¿EXISTEN EN BARCELONA? ¿CÓMO PONERLES FIN? ¿CÓMO ASEGURAR SU PROLONGACIÓN?

Aunque resulte raro, aún hay alquileres de renta antigua. Estos contratos se caracterizan por ser poco rentables para los propietarios suponiendo un gran desequilibrio beneficioso para el inquilino, dado que éste abona una renta muy inferior al precio de mercado.

Estos contratos de alquiler se firmaron bajo la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1964 y hasta 1985, momento en el que se comienza a aplicar el famoso “Decreto Boyer”.

En 1995 entró en vigor la Ley de Arrendamientos Urbanos de 1994 diseñada para ir extinguiendo los contratos de arrendamiento sujetos a estas prórrogas.

A consecuencia del gran desequilibrio que existe, hay una serie de métodos para desalojar a los inquilinos de renta antigua y terminar con la prórroga forzosa, aunque por lo general el fin de este contrato se encuentra muy ligado a la esperanza de vida del inquilino y sus posibles subrogaciones.

El propietario podrá poner fin al contrato si se dan alguno de estos casos: 

  • Cuando exista impagos de la renta.
  • Que necesite la vivienda el propietario para él mismo o para alguno de sus parientes, sus padres, sus hijos o cuando se prevea el derrumbamiento de la vivienda, finca o edificio. 
  • Cuando se haya subarrendado la vivienda a un tercero sin previo aviso por parte del inquilino.
  • Cuando el inquilino no ocupe la vivienda durante más de 6 meses en el curso de un año sin causa justa.
  • Cuando el inquilino ocupe dos o más viviendas en la misma población y el uso de todas ellas no sea indispensable para atender a sus necesidades.
  • Cuando el inquilino sea titular de otra vivienda y ésta haya estado a su libre disposición, en un plazo de 6 meses inmediatamente anteriores a la interposición de la demanda.

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